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Empezar

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Qué mejor manera que empezar con una biografía de Yves Saint Laurent. Ser el primero que publica una biografía suya en España. Eso da para tomar una copa de vino, estirar las pierna, inhalar y exhalar con demora el humo de un cigarro… Ponerse cómodo y extraviar el pensamiento. Revisar el nombre de telas olvidadas: otomán, lamé, shantung, crêpe de chine, moaré, gorgorán… Recordar algunos personajes del pasado: Nureyev, el Barón de Redé, Talitha Getty, los Rothschild, Nan Kempner… También Mitterrand, Bernard Buffet (bueno, él no, demasiado deprimente), Diana Vreeland… Revisitar París: Rue Spontini, Le 7, Place Vauvan, Rue Babylon… Además de La Coupule, Place Saint Sulpice, Avenue Marceau, Fouquet… Devolver a la memoria a Lucie de la Falaise besando a Yves vestida de novia. Mon truc en plumes, de Zizi. La mezcla de Kouros y Red Bull al volver de fiesta. A Katoucha con estampado de leopardo. Les yeux d’Elsa. El brocado de la tapicería Napoleon III. La horrible chaqueta bordada con Los girasoles. Una señora que al final del desfile llora y exclama «¡Francia está salvada!». Pensar que la década de los 80 se resume en el tapón de Paris. Marina Schiano en la tienda de Madison Avenue… Y saber que Yves Saint Laurent, como diría Borges, «no es un espejo del mundo, sino una cosa más agregada al mundo». Es más: qué mejor que, si te gusta la moda y te gusta leer, puedas evadirte del mundo a través de otro mundo, el de Saint Laurent. En resumen, admirar su obra, perdonar el kitsch, y a otra cosa…

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